martes 10 de noviembre de 2009

De cómo complicamos las cosas.

De muestra maraña cultural no nos salvamos tan fácilmente, ni cuando somos conscientes de ella, ni cuando intentamos simplificar nuestra vida.
Estoy leyendo un libro llamado "Poema de la fe en el espíritu." con comentarios de Taisen Deshimaru. Es una recopilación hecha por el maestro Sosan, el texto más antiguo del Zen. A cada verso le sigue un comentario de Deshimaru. El verso es sencillo, conciso, escueto, preclaro y en la mejor tradición taoísta y zen (el zen es la unión del budismo y el taoísmo, cuando aquél llegó a china) insinúa más de lo que dice. Sin embargo, el comentario está totalmente marcado por un budismo zen basado en la práctica del zazen: "cuando se practica sin meta ni espíritu de provecho, zazen mismo se vuelve Dios o Buda."
Los comentarios, muchas veces según mi modesto entender, se pierden en una maraña de distinciones lógicas y clasificaciones que se alejan del espíritu mismo del zen y del taoísmo: "La práctica de la Vía puede ser descompuesta en ocho elementos: -Percepción justa. -Pensamiento justo. -Palabra justa. (...)" Y eso que también afirma: "Obtener el satori no es difícil, pero no debemos pensar en él."
Confunde, en ocasiones, el camino con el medio: "La postura de zazen es la más elevada de la evolución humana, es la que nos sume en la armonía total con el cosmos".
¿Será capaz en algún momento Taisen Deshimaru de olvidar todo lo que sabe del zazen para darse cuenta de quién es Taisen Deshimaru?
¿Seremos capaces, cada uno de nosotros, de olvidar quienes hemos aprendido a ser para vivir quienes ya somos?

miércoles 3 de junio de 2009

Perlas para gobernantes.

¿Por qué se muere el pueblo de hambre?
Porque los de arriba les gravan con exceso.
¿Por qué es el pueblo difícil de gobernar?
Porque los de arriba intervienen demasiado y sirven a sus intereses personales.
¿Por qué el pueblo se toma la muerte a la ligera?
Porque los de arriba llevan una vida lujosa.
Cuando la gente ya no teme tu poder es señal de que está llegando un gran poder.
No interfieras a la ligera en sus hogares, ni les impongas pesadas cargas.
Sólo si dejas de abatirlos, dejarán de estar abatidos por tu causa.
Por ello, el Sabio se conoce a sí mismo, pero no se vanagloria;
se ama a sí mismo, pero no se alaba.
Prefiere lo que está dentro a lo que está fuera.

Cuando el gobernante es discreto, el pueblo es simple y feliz.
Cuando el gobernante es perspicaz, el pueblo es astuto e infeliz.
La desdicha es lo que la dicha presiona, la dicha es lo que la desdicha esconde.
¿Acaso no existe una norma de justicia?
Pero lo que es normal pronto se convierte en anormal, y lo que es propicio pronto se vuelve de mal augurio; durante mucho tiempo ha estado la gente en un dilema.
Por ello, el Sabio cuadra las cosas sin cortar, esculpe sin desfigurar, endereza sin forzar, y esclarece sin deslumbrar.

(Textos del tao te king)

viernes 24 de abril de 2009

Las dos vías

Existen dos vías principales de acceso al misterio: la afirmativa que se esfuerza por alcanzarlo y la negativa que se vacía para que el misterio lo llene. La primera es la del asceta, la segunda es la del místico. El asceta lleva una vida de esfuerzo, de ejercicios, en una carrera contra el tiempo; practica unos estrictos rituales con la esperanza de que al final el acceso al misterio se complete. El místico vive una vida de aceptación de la realidad, se vacía del ego para que no interfiera en esa aceptación, espera activamente porque sabe que el misterio puede llegar súbitamente sin aviso previo y no como resultado de ningún ritual.
El sufismo, hijo del islamismo y el hinduísmo, es un ejemplo de esta primera vía. El zen, hijo del taoismo y el budismo, es un ejemplo de esta segunda vía.
¿Y tú que vía transitas?
Pero transites la vía que transites, la meta es el propio camino. No uses la vida para alcanzar algo o para esperar algo. No uses la vida. ¡Vive!. No hay otro misterio mayor.

jueves 23 de abril de 2009

Cristiano o Cristo

En la medida en la que un cristiano se esfuerza por ser mejor cristiano, se impide a sí mismo llegar a ser lo que quiere ser. Cuanto más nos esforzamos en ser cristianos menos posibilidades tenemos de convertirnos en Cristos. No podemos esforzarnos en ser mejores seguidores de Jesús y pretender llegar a serlo. Imitar a Jesús es el camino de la perdición, puesto que no somos Jesús. Para convertirnos en Cristo debemos ser lo que ya somos. Atender el presente y ser conscientes de él. Sólo así podremos darnos cuenta que el Reino de Dios está dentro de nosotros. No podemos seguir proyectando nuestra vida en un futuro que nunca llegará, porque sólo existe el presente.
¿Creemos sinceramente que una vida de seguimiento es satisfactoria? Yo por mi parte, no. Sólo una vida vivida en plenitud aquí y ahora es satisfactoria. No podemos perdernos por más tiempo en filosofías y teologías que nos velan la realidad, nos alejan de Dios, nos enemistan con nuestros semejantes. Si tu religión te hace pecar, ampútatela.