martes 4 de mayo de 2010
El Estado como ideología
Como animales sociales que somos, las personas vivimos en grupos que crean una cultura. En realidad, la cultura es la que nos ha creado. De hecho, nos relacionamos con los demás y con nosotros mismos a través de la cultura y sus conceptos, todos ellos interiorizados como fruto de nuestra socialización, como medio para nuestra integración y relación con los otros. Usamos de esos conceptos e ideas para comprender el mundo que nos rodea y para comprendernos a nosotros mismos. Ese mundo que nos rodea es, para la mayoría de nosotros, esa misma sociedad que nos conforma; nuestro nicho ecológico ya no es la naturaleza, no es a ella a quien debemos adaptarnos sino a nuestra cultura. La cultura deviene en naturaleza nuestra.Una de esas estructuras ideológicas es el concepto de Estado. Creemos que hay un estado que nos gobierna y vivimos conforme a esa creencia. El discurso político en el que vivimos y que alguién ha escrito por nosotros, nos dice que estamos en una democracia bajo el imperio de la ley (sea lo que sea eso de democracia y eso de ley). Sin embargo, cuando me despierto por la mañana no veo por ningún lado al estado, cuando salgo de paseo no me tropiezo con él por la calle. Pero cuando me relaciono con las personas que me rodean, a menudo sí me topo con él.Cada vez que compro algo, cuando quiero trasladarme de un sitio a otro, cuando trabajo o cuando llevo al colegio a mis hijos. Y esto es así porque esas personas sí creen en el estado, juzgan las relaciones sociales desde el punto de vista de esas premisas. Pero esa realidad no existe, el Estado no existe, es una creación de nuestra mente. Nosotros creamos nuestra realidad. Como dueños de la realidad en la que vivimos tenemos un inmenso poder, tenemos todo el poder. Pero no sabemos que lo tenemos, por eso los que se adueñan de la idelogía del estado ejercen tanta influencia sobre nosotros, por que nosotros se la damos, se lo permitimos, nos enseñaron a creer que estamos impotentes. Su poder se transmite por la influencia de unos sobre otros basada en el miedo y en la convicción de hacer lo correcto. Pero lo que realmente hacemos es claudicar de nuestro poder como creadores de la realidad.Abolir el estado es dejar de creer en él y dejar de pensar por mediación de él. La revolución sólo es posible desde una evolución. Desde una conciencia evolucionada que supere las diferencias: ley-delito, bien-mal, feo-bello, alto-bajo.Basta con dejar de creer en el estado para que el estado deje de existir en nosotros y para que deje de atormentarnos, aunque siga existiendo en los otros que sí creen en él. Una vez que ya no existe en nosotros, dejamos de ser causa de aflicción para nuestros semejantes y podemos comunicarnos con ellos como lo que realmente somos: hermanos, UNO.Cuando olvidemos nuestra cultura podremos conocer las cosas como ellas son, conocerlas de manera inmediata, sin intermediaciones de idiologías y con libertad.
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