viernes 25 de marzo de 2011

EL DINERO

A alguien le interesó en su día crear papeles por los que respondieran con sus bienes en caso de ser requeridos: y se inventó el dinero.
La economía en sentido amplio no requiere de este valor monetario para su consistencia (ni su subsistencia). Se lo hemos dado nosotros y nuestros antepasados con su uso casi exclusivo en nuestras relaciones comerciales. Se ha ido imponiendo por su versatilidad y funcionalidad, dejando de lado sus grandes deficiencias. Ahora más que nunca, y cada vez más, el dinero no vale lo que vale. El valor de las monedas es tan fluctuante que no estamos seguros nunca de su verdadero valor. El dinero es una idea en la que todos creemos pero que no conocemos suficientemente. Otra irrealidad más que es vivida como axioma inquebrantable. Su valor se lo dan arbitrariamente grandes empresas y bancos que juegan y campan en los mercados internacionales a sus anchas.
Podríamos manejarnos de otra manera, dejando sin efecto ese férreo control, inapreciable a simple vista pero al que nos someten en el día a día. Y no somos conscientes de nuestro gran poder sobre lo estructural porque estamos acostumbrados a no cuestionarnos lo que nos rodea.
El individuo crea el colectivo. El colectivo es una suma de individuos que se organizan de un determinada manera. Si fueramos capaces de establecer nuevas fórmulas y modos de intercambio el poder de las estructuras se difuminaría.
Pienso, por ejemplo, en una economía de servicios. Relaciones comerciales no basadas en valores monetarios sino en valores de servicios, trabajos o tiempo. Cuando necesito algo estoy dispuesto a dar algo a cambio; algo tan básico como intercambiar elementos tangibles recíprocamente. El valor de mis servicios o el valor de lo que busco se establece en el contacto personal entre interesados, nada impuesto de antemano por nadie, ni nada que dictamine que este o aquel servicio o trabajo se intercambia por tanto o cuanto. Un intercambio persona-persona significa más implicación por todas las partes, más responsabilidad.
El dinero se ha convertido en un fin en sí mismo. Un intercambio de servicios nos devolvería al principio, al inicio de su larga historia. La arbitrariedad del valor monetario la sustituiríamos por el pacto discutido y argumentado del valor de servicios prestados y recibidos. Más diálogo, menos lejanía de lo interpersonal.
Estoy dispuesto ya. Quiero hacerlo ya.