Un hombre que no tiene nombre.
Yo pertenezco a esa raza de hombres que no tienen raza.
A esos hombres que cada uno es una raza.
Un hombre que nace sólo y así morirá.
Un hombre cuyo mundo no es de este mundo, pues su presencia es pura casualidad, fatal azar.
Un hombre sin historia, sin futuro, sin país, sin hogar.
Un hombre cuyo nombre no significa nada, bien pudieron no tenerlo.
Un hombre cuya única posesión que se presente, efímera pretensión.
Yo soy de esa casta de hombres que pasan por este mundo como extranjeros.
Esos hombres desarraigados de todas partes.
Un hombre que necesita estar cambiando de lugar, porque su único lugar es el camino, que parte de cualquier sitio y llega a cualquier sitio.
Un hombre cuyo destino no está escrito,¡sin destino!.
Un hombre que añora y no sabe qué,¿otro mundo?.
Un hombre sin huellas ni sombra, solo él.
Uno de sus hombres que se adaptan lo menos posible para sobrevivir, que concede un margen a mundo donde cayó.
Un hombre que quizá se comprometa en este mundo, pero con su corazón lejos, muy lejos. Hay algo dentro que me hace siempre estar distante de todo lo que hago; es un "sí, pero no".
Soy de sus hombres que llevaba en su mirada el estigma de la ausencia y la distancia, el signo del abismo.
Sus hombres para los que Dios es, en el fondo, un semejante, ¡tan sólo!.
Un hombre que ve las cosas desde dentro y las deja seguir siendo ellas.
Un hombre que buscaba y no sabe que, ¿quizá a si mismo?.
Un hombre que es, todo él, un mundo.
Un hombre múltiple, de masas.
Uno de esos hombres que viven de cara al misterio, que ven latiendo en cada cosa a todo el universo.
Soy uno de esos hombres que cada noche siente la vanidad de la vida y cada mañana el peso de seguir viviendo.
Soy uno de sus hombres que descubren algo de sí en cada realidad.
Soy uno de esos hombres que bien pudiera haber sido mujer o ángel o perro o Dios y hubiera seguido siendo él mismo.
Soy un hombre sin sello al que no le gustan las clasificaciones ni las celdas.
He aquí un hombre sin nombre, desconocido para sí y para los demás.
Y es mi nombre una convención, ¿cómo designar sino a esa realidad nacida y que algún día ya no estará? Cierto es que ya no estaré, pero la verdadera pregunta es si seguiré siendo.
Ahora y aquí mi nombre, que un día me regalaron vacío, lo voy llegando con mi vida. Si bien el Rubén de hoy no es el mismo que el de ayer, es cierto que soy yo.
Sigo siendo de sus hombres cuya única realidad es el presente y su tesoro la soledad.
Soy de esa clase de hombres que no tenían que haber nacido aquí, que estaban destinados a otra realidad, y que ahora han perdido el rumbo.
Soy un hombre de esos que no encajan en ningún sitio.
Pertenezco a esa clase de hombres que no parecen hombres.
Soy toda una clase de hombres.
Soy Rubén, el hombre sin nombre.
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